Departamento de Ingeniería de Transporte y Logística, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Yale University
JUE insight: Efficiency of bus priority infrastructure
JOURNAL OF URBAN ECONOMICS 146
Departamento de Ingeniería Industrial y de Sistemas, Pontificia Universidad Católica de Chile
Queen Mary University of London
El aumento de la congestión en Santiago es un dato objetivo, y esto afecta directamente los tiempos de traslado de los vehículos. En las últimas décadas, la velocidad promedio de los buses ha mostrado una tendencia a la baja, lo que impacta la calidad de vida de las personas y aumenta los costos de la operación.
Este panorama se vive de manera similar en muchas ciudades de Chile y el mundo, y una medida que ha surgido como posible solución son los “corredores” de buses (“Bus Rapid Transit”). Se trata de pistas exclusivas para el transporte público, separadas del resto de las vías por alguna infraestructura que actúa de barrera física, tipo bandejón central.
Curva de velocidades de los buses en Santiago entre 2012 y 2020. Los puntos más altos coinciden con los meses más frecuentes para salir de vacaciones.
La eficacia de los corredores para disminuir el tiempo de viaje está comprobada y en los últimos 15 años se han instalado en cerca de 200 ciudades del mundo. Sin embargo, su construcción tiene un costo significativo: puede alcanzar los US$10 millones por cada kilómetro de corredor.
Los corredores son una medida para descongestionar el tránsito de los buses. Se destinan pistas exclusivas para estos, separadas por alguna infraestructura.
Usando la misma lógica, pero en un intento por bajar los costos, surgió la implementación de las Pistas Solo para Buses (PSB). Estas persiguen el mismo objetivo de despejar el tránsito para los vehículos públicos, pero se delimitan solo con señaléticas: carteles o marcas pintadas en la calle. Por esto, son considerablemente más baratas y rápidas de implementar.
Las Pistas Solo Buses (PSB) se demarcan solo con pintura o señales de tránsito. Es una alternativa más barata y rápida de implementar que los corredores.
Frente a estas alternativas, un estudio liderado por los investigadores Hugo Silva, del Departamento de Ingeniería de Transporte y Logística de la UC, y Felipe González, de la Queen Mary University of London, analizó si ambos modos tenían la misma efectividad. Los datos provinieron de GPS instalados en buses que circulan en Santiago, y se utilizaron dos metodologías:
Av. Vicuña Mackenna: Se instalaron 9 km de corredor, lo que afectó 12 rutas de buses.
Santo Domingo: Se convirtió en vía exclusiva para buses a lo largo de 1,5 km, entre las 7:00 am y las 9.00 pm, en días laborales. Se instalaron cámaras de vigilancia para aplicar multas a los infractores.
Macul-José Pedro Alessandri: En 6 km de PSB ya existentes se instalaron cámaras de vigilancia, para multar a quienes transiten por las pistas exclusivas para buses.
Los resultados: ¿Infraestructura o fiscalización?
Los hallazgos de ambos focos de estudio fueron claros: gracias a los corredores, los buses pueden aumentar su velocidad en un 20% durante las horas punta (los momentos de mayor tráfico, como el inicio o fin de la jornada laboral) y en un 15% en las «horas valle» o de menor demanda.
Pero lo más prometedor de los resultados fueron las vías exclusivas. Cuando en estas hay cámaras de vigilancia para fiscalizar y se aplican multas a los infractores, los resultados pueden ser tan buenos como los de un corredor, pero con una inversión considerablemente menor. En cambio, con las PSB no se muestran cambios significativos en la velocidad. Sin el control estricto, los autos en su mayoría no respetan las pistas delimitadas solo para los buses.
Departamento de Ingeniería de Transporte y Logística, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Yale University
JUE insight: Efficiency of bus priority infrastructure
JOURNAL OF URBAN ECONOMICS 146
Mejorar la velocidad de los buses se relaciona directamente con el bienestar social, ya que se estima que los pasajeros podrían ahorrar hasta 30 minutos de viaje al día con un sistema que funcione de manera más eficiente. Además, estas mejoras tienen un efecto positivo en el medioambiente: incentivan a que más personas prefieran el transporte público en desmedro del auto particular y reduce los costos operativos.
Finalmente, el estudio subraya que aunque la tecnología y la infraestructura son fundamentales, la colaboración de conductores y usuarios al respetar las normas del tránsito es la pieza clave para que el sistema funcione y todos nos beneficiemos.